La capital histórica de Estados Unidos es una ciudad aristocrática llena de vida y de contrastes que reúne lo mejor del Viejo y del Nuevo Mundo. Las señoras que pasean a sus perros por Mount Vernon tienen siempre una sonrisa amable para el turista y hasta un musical “hello”. Los árboles centenarios levantan con sus raíces las aceras, verjas y escalinatas, sobre las que aguardan en sus bolsas los periódicos de la tarde. Unos metros más abajo, la recoleta y muy british plaza de Louisburg, donde murió Bronson Alcott, reúne la mejor colección de fachadas neoclásicas del barrio. Y en Cedar Lane, estrecha y empedrada, se encienden las farolas de gas. Estamos en Beacon Hill, el barrio aristocrático de Boston, el oasis de elegancia y refinamiento que Henry James retratara en Las bostonianas. En estas calles el tiempo parece haberse detenido. Pero no. Boston, el faro de Nueva Inglaterra, la capital histórica de Estados Unidos, es una ciudad llena de vida y de contrastes, un crisol del Viejo y del Nuevo Mundo. En estas mismas calles, allá por 1773, prendió la revolución con el mítico Boston Tea Party; aquí se fraguó la independencia de Inglaterra, se dieron los primeros pasos para abolir la esclavitud y eclosionó el movimiento de emancipación de la mujer. Y aquí, hoy, sus habitantes gozan de una calidad de vida a la europea y florece la Universidad que más presidentes ha dado a la nación: Harvard. La ilusión de un viaje al pasado es lo que promete el Freedom Trail (Camino de la Libertad), un itinerario de ocho kilómetros que recorre todos los lugares importantes de la independencia americana. Una línea roja pintada en el suelo conduce al cementerio de Granary, donde reposan tres firmantes de la declaración de independencia, nueve gobernadores de Massachusetts, los padres de Benjamin Franklin, Paul Revere y Peter Faneuil, nombres claves en la historia americana. Muy cerca están la capilla y el cementerio del Rey, con la tumba de Elizabeth Pain, inspiradora de Nathaniel Hawthorne para su novela La letra escarlata. Old State House, construido en 1713, es uno de los edificios más antiguos del país: sede del poder real, primero, y del gobierno de Massachusetts después, en su balcón se leyó la declaración de independencia en cuanto llegó de Filadelfia. La casa de Paul Revere, el héroe más popular de la guerra contra la metrópoli, y el colorista y animado barrio italiano son dos lugares imprescindibles en esta cita con la historia. Un sitio ideal para comer o relajarse tomando una copa es el mercado de Quincy, la antigua lonja de Boston convertida hoy en un inmenso centro de ocio con decenas de cafés, restaurantes y bares de copas. Fuera del barrio histórico quedan al menos dos barrios interesantes: Back Bay, plagado de casas victorianas, tiendas elegantes y galerías de arte, donde hay que visitar sin falta la Biblioteca Pública y admirar sus impresionantes leones de mármol y los bellísimos frescos de John Singer y Puvis de Chavannes; y Cambridge, que alberga la muy célebre y celebrada Universidad de Harvard. Mención aparte merecen el Museo de Bellas Artes y el Museo Isabella Stewart Gardner, con unas colecciones de inmensa riqueza tanto por su número como por su calidad.
Lo mejor de Boston
December 9th, 2010 · No Comments
Tags: sobre Boston
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